"Yo no podría". He escuchado y dicho esa frase tantas veces que me suena a chiste cuando la oigo. Tengo 23 años y me prometo a mi misma no usarla de nuevo porque sería mentirme.
El dicho que dice "nunca digas de este agua no beberé" cobra hoy más sentido que nunca en mi vida haciendo recuento del camino que llevo trazado desde que existo como ser humano. Límites autoimpuestos, mentiras que funcionan de calmantes, envidias encubiertas, falsa dignidad, falsa modestia, miedo al fracaso y poca tolerancia a la derrota. Eso es lo que conlleva afirmar que "Yo no podría".
La teoría general de las cosas la tenemos más que clara y pretendemos llevarla a cabo en la práctica, pero bien es sabido que la única teoría que realmente funciona es aquella que nace de la práctica, de la acción, del hecho en sí.
Puedo decir que "yo no podría" tal o cual cosa, pero es demasiado cómodo hablar. "El movimiento se demuestra andando" dice otro refrán popular y siento que es el momento de enfrentar la vida de esa manera. Nada de límites, nada de mentiras, nada de comodidades. Quiero los logros desde el "yo puedo", no desde el "me da miedo, no quiero".
Extrapolo esta reflexión a todos los ámbitos de la vida diaria. Tanto los afectivos, como los profesionales, académicos, sociales o de salud. No pienso ser mi enemiga, me perdono y me apoyo, me voy conmigo a la vida.
...cuando la madrugada llega y el mundo duerme, yo me siento frente al alma y le hablo sin tapujos...
12 de diciembre de 2010
22 de noviembre de 2010
Incorduras
Sombría y distante espero el momento del salto a la nada y me agacho, callada, aguardando que lleguen tus buenas palabras, tus versos robados y tus manos heladas. Quizás hubo un tiempo en que yo pude ser el escalón que necesitaste para subir a la fama; ahora que la tienes, que consigues los poderes de la felicidad absurda de un papel fingido me planteo si el destino que buscaba tiene que ver contigo.
Me callo y avanzo como si no fuera nada aquello que siento clavado en el alma. Será mañana, cuando despierte y no sienta cuando pueda decirte que "ahí tienes la puerta". Hoy aun te quiero, ahora aun te siento. Hoy aun respiro solo cuando te pienso.
Me callo y avanzo como si no fuera nada aquello que siento clavado en el alma. Será mañana, cuando despierte y no sienta cuando pueda decirte que "ahí tienes la puerta". Hoy aun te quiero, ahora aun te siento. Hoy aun respiro solo cuando te pienso.
14 de noviembre de 2010
Por dentro
Tengo la extraña costumbre de mirarme al espejo y no reconocerme. Veo el contorno de mi cuerpo de arriba abajo y me detengo al llegar a mi cara, que se supone que es mía pero nada tiene que ver conmigo. Reconozco pequeñas porciones, les pongo atención pero no sé sumarlas para crearme a mi. Mi autoimagen no tiene forma humana. Soy un cúmulo de emociones encerradas en un recipiente prestado. Así me siento.
Alguna vez me hicieron ejercicios de relajación, de esos que tienes que tumbarte en el suelo, cerrar los ojos e imaginar cada una de las partes de tu cuerpo con detenimiento, pensar en los dedos de tus pies, uno a uno y empezar a subir. Yo no me relajaba, más bien me daba cuenta de que no sé en dónde vivo en realidad ni qué envoltorio da lógica a mi existencia ni me representa como ser humano. No me importa mi piel ni mi forma. Solo mi interior vive.
Creo que mi cuerpo es una herramienta que se llena de valor cuando las emociones lo embriagan. Cuando los sentimientos callan, mi cuerpo muere. Cuando los sentimientos gritan, es mi cuerpo el que te abraza; soy yo quién lo manda, quién te siente.
13 de noviembre de 2010
Adoro andar por ti
Hoy he podido sentirte una vez más aquí y he descubierto que adoro andar por ti.
He recorrido tu mirada cabalgando por tus pestañas, una a una, flexibles y eternas, tan tuyas que las he envidiado sanamente; ya sabes, como se envidia a quién quieres, con amor. He bajado por tu nariz como si fuera un tobogán y me he agarrado a tus labios, no sé con qué, pero mi vida pendía de ello. Suaves, cálidos y perfectos emparejados me han regalado una sonrisa que me ha llevado a tu pelo. Y ahí, perdida y enjaulada en la libertad de tu azotea, me he quedado quieta sintiendo el movimiento leve de tu vida, notando el calor de tu mente, la melodía de tu silencio y la paz de tu existencia.
He abierto los ojos y seguías tan lejos como ahora que estás leyendo esto. He abierto los ojos y el aire me olía a ti.
24 de octubre de 2010
Ana sonríe dormida
Ana sonríe dormida. Pensaba en un posible título para dar sentido a las siguientes palabras pero ahora que he vuelto a escribir la frase y me dejo llevar por los mil caminos diferentes que podría trazar, decido que ahí termina la historia.
Ana podría ser cualquiera; mi abuela se llamaba Ana y por eso mi nombre no es como el de las demás, porque el mío viene de ella, y sólo por eso, es el nombre más bonito que he podido nombrar desde que nací: Ana. Anuncia el verano y huele a almendro; sabe a higos y a moras clavadas en cualquier paja encontrada al borde del camino. Suena a risa y a inocencia, a brisa fresca en las noches de verano, sentadas en la puerta hablando con los vecinos que también se fueron y están con Ana, con esa Ana, con mi Ana.
Empecé escribiendo esta historia sin saber cómo llenar el hueco blanco que me han prestado y ahora que ella impregna estas líneas siento que faltan espacios para hacerle justicia a su nombre.
Estoy sonriendo al recordarla. Ya hace casi cinco años que murió por dentro y nosotros tuvimos que quedarnos fuera, sin poder hacer nada más que quererla demasiado, tanto, que aun la quiero a mi lado.
Y es que Ana sonreía siempre, dormida o despierta. Y ahora entiendo por qué el título de esta entrada. Ella quería hacerme saber que sigue en mí, en mi nombre y en mi corazón. Hoy ha venido a verme. Y yo, Ana, sonrío despierta y voy a sonreír dormida porque hoy vuelvo a olerte, a sentirte y a recordarte.
Fuí feliz a tu lado, la más feliz del mundo y diste sentido a mi vida:
Quiero ser como tu.
Quiero ser como tu.
23 de octubre de 2010
Soy de la Generación NI NI
Me llamo Ana Belén. Tengo 23 años. Soy Diplomada en Educación Social.
No soy Educadora porque me falta experiencia para empezar en cualquier puesto que me interese. Sin experiencia no puedo tener trabajo, sin trabajo, la posibilidad de experiencia expira.
No entiendo mucho de política ni me considero excesivamente culta en cuestiones de estado. No me gustan las matemáticas ni controlo los números con demasiada soltura. Pero pese a todo esto, sé que si siguen sumando los meses sin encontrar trabajo y siguen restándome oportunidades el resultado será catastrófico dentro de mí.
No me compensa el resultado de unos años estudiando y trabajando a la vez para tener un título (que deja que desear), aguantar que lo que desde pequeña te venden como algo grande, cuando eres grande se convierta en minúsculo y poco útil. Estoy desengañada pero no derrotada.
Aunque me aten las manos y me sienta fracasar, siempre hay caminos que trazar.
Lo más triste es que no soy la única en esta situación. El país deja que los jóvenes con ganas de cambiar el mundo se queden en casa destrozando el interior de cada uno. ¿A dónde vamos?... Yo no quiero naufragar.
22 de octubre de 2010
Me gusta
"Conviene no olvidarse nunca de que el otro existe: aquél que no es como nosotros,
que no comparte nuestra cultura, ni nuestro aspecto, ni el poder de nuestra
palabra mayoritaria, y conviene asimismo recordar que, pese a su diferencia,
posee los mismos derechos que nosotros tenemos: nosotros, que somos los otros
para él."
que no comparte nuestra cultura, ni nuestro aspecto, ni el poder de nuestra
palabra mayoritaria, y conviene asimismo recordar que, pese a su diferencia,
posee los mismos derechos que nosotros tenemos: nosotros, que somos los otros
para él."
(Rosa Montero)
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